Mi homenaje a Salvador Allende
Milton Chamorro, Comunicador Social SURandantes Comunicación Popular.

…Retornarán los libros, las canciones

Que quemaron las manos asesinas

Renacerá mi pueblo de su ruina

Y pagarán su culpa los traidores… Pablo Milanes.

Tal vez el acontecimiento más triste y duro que persiste hasta hoy en la memoria de los pueblos de América Latina, es el asesinato de Salvador Allende, Presidente chileno; el último 11 de septiembre se cumplieron 50 años de ese acto de terror, preparado, organizado y ejecutado por las Fuerzas Armadas Chilenas, instruidas y financiadas por el Gobierno Norteamericano, en coordinación estrecha con las elites y los poderes económicos de Chile.

“…¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!,

Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.

La sangre para ellos son medallas.

La matanza es acto de heroísmo…” Víctor Jara.

Este es un fragmento del último poema que escribiera Víctor Jara, en el Estadio Nacional, convertido en campo de concentración, luego del golpe, una vez que sus compañeros de prisión  le rescataron casi muerto por tanta tortura, le escondieron debajo de las gradas y en ese corto lapso, antes de ser descubierto, tuvo la valentía de impregnar sus últimas letras que quedaron en la memoria de sus compañeros presos; en los que sobrevivieron les quedó la mirada firme y digna de Víctor que no decayó hasta el final, así fue visto por última vez vivo por sus compañeros.

Salvador Allende fue el líder fundamental en la historia de Chile en el siglo XX, incansable luchador por las causas justas que llegó al poder luego de varios intentos. El 4 de septiembre de 1970 ganó las elecciones presidenciales, con el apoyo de las fuerzas populares, clases desposeídas, intelectuales progresistas, fuerzas revolucionarias, jóvenes, trabajadores, amas de casa, artistas: los de la Unidad Popular. Ahora podemos decir que fue un hombre de paz a carta cabal, no quiso entregar las armas al pueblo para defender la victoria electoral y las conquistas populares, podemos tener muchos criterios sobre esto, pero Salvador Allende, así lo decidió:  “…pagaré con mi vida la lealtad al pueblo…”.

Los 3 años de mandato de Salvador Allende estuvieron marcados por una creciente polarización política, mientras la gran mayoría de las fuerzas populares lo veían como su representante indiscutible y, con gran autoridad moral, comprometido con la justicia social, sus oponentes, incluyendo sectores conservadores y el gobierno de Estados Unidos, lo veían como una amenaza a la “democracia” y al orden económico establecido, por lo tanto se debía preparar, sin  demora, el golpe.

Este crimen se puso en marcha antes de las elecciones. A finales de 1969 se va concretando la planificación del genocidio, el ejército norteamericano y el ejército chileno se encuentran para ejecutar la orden, tres generales del Pentágono cenaron con cuatro militares chilenos en una casa de los suburbios de Washington. Los siete militares comieron ensalada de frutas y asado de ternera con guisantes, bebieron los vinos de corazón tibio de la remota patria del sur donde había pájaros luminosos en las playas, mientras Washington naufragaba en la nieve. Ya en el postre, uno de los generales del Pentágono preguntó qué haría el ejército de Chile si el candidato de la izquierda Salvador Allende ganaba las elecciones. El general Toro Mazote contestó: «Nos tomaremos el palacio de la Moneda en media hora, aunque tengamos que incendiarlo». Uno de los que participaron en la cena fue el general Ernesto Baeza, quien, coincidentemente, dirigió el asalto y dio la orden de incendiar al palacio presidencial.

El presidente Allende, desde el primer día de su gobierno tomó decisiones en beneficio de su pueblo, largamente engañado y abandonado. La nacionalización de la industria del cobre en Chile, que era en ese momento controlada, en gran parte, por empresas extranjeras, fue uno de los momentos más significativos de su gestión, esta medida buscaba recuperar el control sobre los recursos naturales del país y redistribuir la riqueza en beneficio de la población chilena. Sin embargo, estas políticas también llevaron a tensiones internacionales y a la polarización política en Chile. La economía chilena se enfrentó a desafíos significativos, incluyendo la inflación y la escasez de productos básicos. Salvador Allende también enfrentó una creciente oposición de las Fuerzas Armadas y sectores de la sociedad chilena que se oponían a sus políticas. Finalmente, el 11 de septiembre de 1973, el gobierno de Salvador Allende llegó a un abrupto final cuando las Fuerzas Armadas chilenas, lideradas por el general Augusto Pinochet, cual vil rastrero, cumplía la orden del imperio y de la oligarquía chilena para dar el golpe.

Y así prosigue el último poema de Víctor Jara: “…¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?, ¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?.  La sangre del Compañero Presidente, golpea más fuerte que bombas y metrallas. Así golpeará nuestro puño nuevamente…”; Chile iba a ser la segunda república socialista del continente después de Cuba. De modo que el propósito de los Estados Unidos no era simplemente impedir que el gobierno de Salvador Allende nacionalice las empresas extranjeras, el propósito grande era que Chile no sea la luz que alumbre a Los Andes, y claro era más fácil y barato asesinar a un pueblo, antes que la chispa se prenda.

A los 50 años de días y noches de historia oscura, el futuro comienza a clarear, Cuba sigue invicta, Nicaragua resiste, Bolivia abre surcos plurinacionales, México recupera la consigna de Zapata, Brasil con Lula recobra la fe popular, Venezuela batalla por la definitiva independencia, el pueblo chileno pronto abrirá las nuevas alamedas, Colombia se enfila al mundo de la dignidad y la paz, nuestro pobre y triste Ecuador se apresta a una contienda donde una mujer con su frente en alto será otra luz de victoria.

Presidente Allende, aquí seguimos, “…No pudieron matar al hombre de la paz, porque hay seres que traspasan los muros de la vida y la muerte…” (Mario Benedetti.) Compañero Presidente, ahí estas, en la Moneda, en los trabajadores, en el pueblo sencillo, en los chicos que han nacido, en los que vendrán: “… Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la Patria… estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano…”. Compañero presidente, tu lección moral hoy es la guía mayor para la emancipación de los pueblos. Venceremos.

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