Las fotos de los obreros perseguidos y masacrados están ahí, deteniendo el paso del tiempo para impedir que el olvido sepulte impunemente tantas vidas; están ahí los fusiles vomitando fuego al accionar de humildes soldados que tras la orden suprema no les quedaba otra salida sino asesinar a sus hermanos; están los cuerpos inertes de los seres que no atinan a explicarse la desesperación y el dolor crecientes cuando solo creían que sus derechos no podían, no debían ser violentados.

En otra instantánea, de mayores dimensiones, están las militantes guayaquileñas del  Movimiento Rosa Luxemburg, “la rosa roja del socialismo”, la rebelde marxista de origen polaco y luego de nacionalidad alemana, asesinada el 15 de enero de 1919, en Berlín, por oponerse al financiamiento de la Primera Guerra Mundial, por impulsar la creación del Partido Comunista de Alemania, por fundar el periódico Die Rote Fahne (La Bandera Roja), por participar en revueltas sociales.

La particularidad de estas “instantáneas” es que no corresponden a las realidades de los escenarios históricos, son sacadas de la ficción fílmica, desde las escenografías cinematográficas que reprodujeron, desde el arte, la masacre del 15 de noviembre de 1922, el primer baño de sangre del proletariado ecuatoriano, y dieron lugar al cortometraje Las Fotos del Obrero.

El preestreno de la película se presenta este sábado 27 de julio, a las 19h00, en la galería La Leonila, ubicada en la calle Rafael María Arízaga 8-18 y Luis Cordero, en el marco de la exposición de un archivo fotográfico ficcional, una instalación sonora, una performance y un libro coral que cruza ficción y realidad, una muestra de una serie de afiches de diversos artistas, un mural y la lectura de fragmentos de poemas de escritores locales.

Participan en la producción cinematográfica estudiantes en general, estudiantes de artes visuales, jóvenes artistas de teatro, danza y otras manifestaciones.

De acuerdo a Bertha Díaz, coordinadora del proyecto,  la propuesta parte de la idea de Mario Rodríguez Dávila, cineasta y fotógrafo, de realizar una película que trace un arco entre lo documental y lo ficticio, tomando como referencia  la matanza obrera del 22 de noviembre de 1822.

Mario Rodríguez, nieto del gran escritor ecuatoriano César Dávila Andrade, se nutre de lo que se publica en la prensa, que es mucho, y responde a posiciones políticas y económicas de clase, pero casi no hay testimonios gráficos que posibiliten un acercamiento más real a los hechos.  Entonces, la primera intención es construir un archivo fotográfico ficticio que sirva de base para la construcción de la misma película, pero no son sólo las imágenes las que construyen un acontecimiento, sino que también los actos que suenan, transitan, por eso Julio Guayamabe está llamado a generar una acción performática, una exhumación performática.  Y también hay una instalación sonora que es una construcción del compositor colombiano Freddy Vallejo, que es un compositor colombiano que vive aquí en Ecuador.

 

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