Del muro de David Manolo

Imaginen a Hitler y sus aliados del Eje convocando a una rueda de prensa para comunicar al mundo sus planes para la reconstrucción del Gueto de Varsovia luego de haber acabado con la población originaria.

Imagínenlo mostrando fotos de edificios arrasados con cadáveres todavía escondidos bajo los escombros, anunciando que sobre esas ruinas se levantarán casinos y hoteles donde podrán veranear los generales de las SS y de la Gestapo

Imaginen la bandera nazi ondeando sobre los escombros de niños descuartizados, mientras en las imágenes publicitarias se anuncian los nuevos planes inmobiliarios previstos por el ejército invasor.

No tienes que imaginarlo. Acaba de ocurrir. Acaban de anunciar y presentar los planos para la reconstrucción de una Gaza sin palestinos. Un nuevo «las Vegas» ahí al lado de donde nació el niño Jesús.

Estás atestiguando aquello que nos habíamos prometido como humanidad no volver a repetir. Pero peor. Porque a los nazis de antaño se los llamaba nazis, así con todas las letras. Y había cierto consenso liberal para enfrentarlos, incluso violentamente. Los liberales de ahora, en cambio, les abren las puertas, les aplauden los excesos y brindan con ellos en lujosos recintos.

El nazismo contemporáneo es hijo legítimo del neoliberalismo. Y a estas alturas de la vida tienes dos opciones: meter la cabeza en el piso y esperar que todo pase sin afectarte, o aprender a usar tu columna vertebral y pararte firme contra la barbarie.

No importa si vives en Washington, en Cuenca o en Tombuctú. No puedes declararte neutro. No puedes aislarte de lo que está ocurriendo, porque mañana los nazis se querrán quedar con las Galápagos aduciendo motivos de seguridad y ni todo el malinchismo del planeta te servirá de algo. Mírate en el espejo. Los nazis no dudarían en mandarte a la Gestapo/ICE a la puerta de tu casa.

No hay puntos medios en este lugar de la historia. No basta con no ser un maldito nazi. Hay que enfrentarlos.

Por admin

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