Senderistas en la cima del cerro Pico de pescado, a 3.600 metros sobre el nivel del mar.

Por Mario Cando

En lo alto de la montaña, más o menos a 3.400 metros de altura, se alcanza a ver la tenue silueta de los adelantados del grupo de caminantes que en la fría mañana del domingo asciende por la ruta Sagrarumi, o Pico de pescado, en el sector de Barabón, parroquia San Joaquín, a la cima del cerro de 3.600 metros. La parroquia San Joaquín está situada a 2.633 sobre el nivel del mar.

Los 17 excursionistas, la mayoría novatos, y buena parte sin ningún entrenamiento o calentamiento previo, solo motivados por el reto al llamado de la naturaleza, del cosmos, inició el trayecto poco después de las 07h00 desde el sector del Cuenca Tenis Club, por la pavimentada vía del Biocorredor Turístico del Río Yanuncay.

Suena un poco irónico lo de biocorredor cuando a los dos costados de la carretera se acumulan los desechos plásticos y de otro origen, inclusive orgánicos, como la enorme funda plástica llena de vísceras, no se sabe de qué animal, seguramente botadas un poco antes porque en ellas se observan restos sanguinolentos que recién empiezan a cuajarse, invitando a las moscas que ese momento empiezan a desperezarse. Desagradable contraste con las cristalinas aguas del Yanuncay que al frente se desplazan frías, por entre el depredado boscaje y las antiquísimas piedras, exhalando su fuerte murmullo a vida.

Tras unos 20 minutos de caminata, Fredy y Darwin Peñaloza, los guías, detienen al grupo al pie de un empinado sendero que es la puerta de ingreso a la ruta, piden permiso al cerro, invitan a los participantes a una reflexión espiritual interna e inicia el ascenso por el escabroso camino.

En los primeros tramos el entusiasmo inyecta la suficiente energía a las piernas para salvar los obstáculos de la cuesta, pero poco a poco se va agotando ese combustible para suplantarlo por el del desafío, por el coraje y el esfuerzo de quienes han vivido medio siglo e inclusive más de seis décadas.

Aún así, coraje de por medio, el andar se ralentiza mientras el grupo al que le asiste la plena juventud toma una enorme delantera y se pierde por el sendero rumbo a las alturas. Agradable encontrarse en el camino senderistas que suben y bajan con sus rostros mojados por el sudor, pero con las visibles huellas de la satisfacción, sus libres sonrisas así los delatan.

No deja de sorprendernos cuando desde lo alto de la montaña, de donde también se despegan vuelos en parapente, bajan a todo vértigo ciclistas que le desafían a la adrenalina; Xavier Calle frena su carrera para prevenir nuestra seguridad y de paso resume sus 10 años por casi todas las modalidades del ciclismo: downhill, cross country, ruta, bmx, enduro e bike.

“Hay que tener mucho respeto con la gente que vive aquí, con sus animalitos…, recomiendo a todos los chicos que hacen ciclismo que vengan, que disfruten, pero que también respeten mucho a la comunidad, al pajonal, aquí vivimos, está el agua que es vida”, enfatiza el deportista y en algo amortigua la decepción de ver en el sendero las huellas de inconscientes motociclistas que invaden el pajonal y atentan gravemente contra el equilibrio del medio ambiente con los gases de los motores y restos de combustibles y aceites.

De hecho, más arriba nos aturde el ruido de no se sabe cuántos motocrossitas cubiertos en el bosque que seguramente estarán disfrutando insanamente de su “libertad”.

Ya en la cima, cerca del medio día, y tras más de una hora de atraso, con Adela Cáceres, de AC Noticias, conocemos de la diversidad de orígenes, profesiones y ocupaciones de los integrantes del grupo que se aventuró por primera vez a cubrir la difícil ruta, están de Brasil, Guayaquil, Loja, Quito, Cuenca; abogados, comerciantes, estudiantes, periodistas, Fredy y Darwin Peñaloza, los guías y generadores de contenidos para las páginas Come to Cuenquita, Mira Ecuador, Caminante creativo.

Siempre estamos buscando dar a conocer la ciudad de una manera diferente, no solamente le decimos al mundo que Cuenca es el Parque Calderón y la Catedral, sino que hay lugares más allá de lo urbano, dice Darwin respecto al cerro Pico de pescado desde donde la vista de Cuenca va más allá de la fantasía.

Sostiene que para hacer senderismo solo se necesita las ganas de cambiar porque es un sistema de vida “bastante bonito pero bastante exigente porque hay muchas dificultades que superar”.

Tras un breve tente en pie y el encuentro con otros grupos de caminantes en la cima de la elevación acariciada por un helado viento viene el descenso, no libre de dificultades porque las piernas ya no son total garantía de sostenimiento, y los resbalones se vuelven comunes. Volvemos a la carretera ya cerca de las 15h00.

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