El mostrador quedó en silencio: Carmen no cedió a las «vacunas» y la muerte la encontró sentada en su humilde tienda

Del muro de InMediático

Para Carmen Isabel Baños Moreno, de 58 años, su tienda no era solo un negocio; era el monumento a su esfuerzo diario, el lugar donde cada madrugada levantaba la persiana con la esperanza de ganarse el pan honradamente. Pero la noche de este domingo 4 de enero, el Barrio Chino del cantón Montalvo (Los Ríos-Ecuador) se tiñó de un luto indignante. Carmen, una mujer descrita por sus vecinos como trabajadora y servicial, fue asesinada de la forma más cobarde posible: mientras esperaba clientes, sentada en el sitio que fue su refugio por años, sus verdugos la silenciaron para siempre.

Eran aproximadamente las 21h00 cuando el sonido de una motocicleta rompió la calma de la zona. Carmen estaba allí, tranquila, sin imaginar que el odio y la ambición de los criminales la acechaban desde las sombras. Sin darle tiempo a reaccionar, los sujetos descargaron una serie de disparos que apagaron su vida al instante. La mujer, que dedicó décadas a servir a su comunidad, quedó sin vida en su silla, dejando una escena lúgubre que ha sumido a la provincia en el terror y la impotencia.

Detrás de este atentado se escondería una realidad que asfixia a los pequeños comerciantes: la extorsión. Según relataron sus familiares a los agentes de la Policía Nacional, Carmen venía siendo acosada. Desde hace varios días, su teléfono recibía mensajes de los denominados “vacunadores”, quienes exigían dinero a cambio de una supuesta seguridad.

Pero Carmen, una mujer de principios que conocía el valor de cada centavo ganado con sudor, nunca accedió a las amenazas. La principal hipótesis de las autoridades apunta a que este crimen fue una represalia por su valiente negativa a pagar. Su integridad le costó la existencia en un sistema donde los delincuentes no respetan ni la edad ni la nobleza de una mujer trabajadora.

El dolor de sus seres queridos es desgarrador. No solo lloran a una madre y familiar; lloran la pérdida de la seguridad en el hogar. En el barrio ya no se escuchará el ruido de las puertas abriéndose en la tienda de Carmen, iluminando la calle.

Los criminales no solo mataron a una persona, mataron la tranquilidad de un sector entero que hoy se siente desprotegido.

Mientras la Policía Nacional continúa con las investigaciones para dar con el paradero de los motociclistas, la silla de Carmen permanece vacía como un recordatorio de la urgencia de justicia. Montalvo despide a una mujer que prefirió la dignidad antes que ceder ante el horror, y su familia queda con el eco de los disparos que les arrebataron el pilar fundamental de sus vidas.

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