Del muro de Spanish Revolution
La desclasificación de más de tres millones de documentos sobre Jeffrey Epstein vuelve a confirmar lo que las víctimas llevan décadas diciendo. El millonario pederasta no operó en la sombra ni en los márgenes del sistema, sino rodeado de presidentes, magnates, estrategas políticos y élites económicas. Los papeles, publicados con retraso y bajo presión del Congreso, muestran una red de relaciones normalizadas, protegidas y sostenidas por el propio Estado. No es una anomalía. Es un patrón.
Entre los nombres que aparecen con más frecuencia está el de Donald Trump, citado miles de veces y vinculado a documentos internos del FBI que recogen acusaciones de agresiones sexuales no investigadas. El Gobierno estadounidense se ha apresurado a calificarlas de “falsas”, no tras una investigación exhaustiva, sino mediante un argumento político. Si no se usaron antes contra él, dicen, es porque no eran creíbles. El poder absolviéndose a sí mismo.
Los archivos también incluyen contactos con Elon Musk, Steve Bannon, Howard Lutnick, además de figuras europeas como José María Aznar, cuyo nombre aparece asociado a pagos y envíos. Más allá de delitos concretos, el mensaje es claro. La cercanía al abuso no penaliza cuando se pertenece al bloque correcto. Hay nombres que generan escándalo y otros que generan silencio. Y ese silencio también es una forma de complicidad.
