Asamblea Nacional aprueba Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica entre Ecuador y Corea del Sur

El Acuerdo recibió 83 votos de apoyo, con excepción de la bancada de la Revolución Ciudadana y dos asambleístas de Pachakutik.

 El Pleno de la Asamblea Nacional aprobó el Acuerdo Estratégico de Cooperación Económica entre la República del Ecuador y la República de Corea del Sur  (SECA), un paso importante en la política comercial y exterior del país, orientado a la diversificación de mercados y al fortalecimiento de la competitividad nacional.

La aprobación de este acuerdo se sustenta en el informe presentado por la Comisión de Relaciones Internacionales y Movilidad Humana, que incorporó el análisis técnico de entidades del Ejecutivo, el sector productivo y actores internacionales.

La presidenta de la comisión y ponente del informe, asambleísta Lucía Jaramillo, destacó que el acuerdo trasciende lo comercial y representa la inserción del Ecuador en mercados de alto nivel como el coreano, con más de 51 millones de consumidores.

Jaramillo subrayó que el 98,8 % de la oferta exportable ecuatoriana se activará con arancel cero de forma inmediata en productos como el camarón, y de manera progresiva en sectores como el banano, lo que impulsará las exportaciones no petroleras, la producción y el empleo.

Asimismo, resaltó que el acuerdo abarca 23 capítulos que incluyen comercio de bienes y servicios, comercio electrónico y propiedad intelectual, y contempla mecanismos de protección para sectores sensibles con plazos de hasta 15 años para su adaptación.

Entre los fundamentos de la aprobación consta el Dictamen de Constitucionalidad 17-25-TI/26A de la Corte Constitucional, que determinó la compatibilidad del acuerdo con la Constitución, habilitando su aprobación y garantizando seguridad jurídica para los operadores económicos de ambos países.

El acuerdo abre al Ecuador el acceso a un mercado estratégico de alto valor como el de Corea del Sur, país que importa cerca del 70 % de los alimentos que consume, lo que representa una oportunidad para las exportaciones agropecuarias, pesqueras y agroindustriales. Además, permitirá cerrar brechas frente a competidores regionales como Chile, Perú y Colombia, que ya cuentan con acceso preferencial a ese mercado.

El esquema de desgravación arancelaria equilibra la apertura comercial con la protección de sectores sensibles como lácteos, arroz, maíz, proteínas animales, textiles y calzado, asegurando procesos de adaptación progresiva sin afectar la estabilidad productiva nacional.

En cuanto al impacto en las exportaciones no petroleras ecuatorianas, se destaca que la reducción de barreras arancelarias genera efectos positivos inmediatos. Ejemplo de ello es el incremento de exportaciones de banano hacia Corea del Sur durante la liberalización temporal de aranceles en los años 2024-2025, así como el crecimiento sostenido de la pitahaya ecuatoriana en mercados internacionales tras la apertura comercial.

El componente de cooperación económica y transferencia tecnológica constituye otro eje estratégico del acuerdo, ya que fortalece áreas como agroindustria, acuacultura, energía, tecnologías de la información, salud y MIPYMES, contribuyendo a la transformación productiva del país mediante el acceso a conocimiento y tecnología de una de las economías más avanzadas del mundo.

Finalmente, el acuerdo se alinea con la estrategia nacional de diversificación de mercados impulsada por el Estado ecuatoriano, en un contexto internacional de reconfiguración de cadenas globales de valor y la implementación de nuevas barreras comerciales, fortaleciendo la inserción del Ecuador en el comercio internacional.

Incoherencia con la posición de Daniel Noboa

Lo deplorable de estos esfuerzos es que más temprano que tarde se quedan sin un real sustento dado que la Asamblea Nacional va por la vereda del maquillaje del rostro de un gobierno al que no le interesa la realidad del Ecuador sino las ambiciones económicas de los círculos familiares y de los sectores más cercanos al presidente neoliberal Daniel Noboa.

En esta línea se puede entender que mientras los legisladores entregados a las manipulaciones del régimen de ADN aparentemente se esfuerzan por el fortalecimiento de la productividad nacional, por su lado, el presidente Noboa hace todo lo contrario al desatar una guerra comercial con Colombia, imponiendo aranceles del 100% bajo el espurio argumento de la seguridad.

Esta posición ha sido interpretada en forma coincidencial por múltiples analistas como una injerencia directa de Daniel Noboa en el proceso electoral del vecino país para impedir, bajo las órdenes del gobierno estadounidense, que la candidatura apoyada por el presidente Gustavo Petro acceda al poder. La supuesta coherencia del libre comercio queda por los suelos.

 

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